Psicología del Poder

Una Invitación a Repensar la Dominación

La psicología del poder ha sido tradicionalmente estudiada como un atributo individual, pero la investigación contemporánea revela que se trata de un fenómeno dinámico, relacional y estructural. El poder no se posee meramente; se ejerce, se disputa y se negocia a través de interacciones sociales continuas. Este giro desde perspectivas estáticas hacia dinámicas nos permite comprender cómo el poder opera no solo en salas de juntas y parlamentos, sino también en los espacios íntimos de nuestra vida cotidiana, donde lo personal es indistinguible de lo político.

Desde una mirada psicosocial, el poder se entiende como el control asimétrico sobre recursos valorados en una relación social (Keltner et al., 2003). Quienes se sienten poderosos experimentan emociones positivas, prestan atención a las recompensas y actúan de manera desinhibida, mientras que los desposeídos son más propensos a experimentar emociones negativas, enfocarse en amenazas y comportarse de manera restringida. Sin embargo, la investigación reciente desafía la noción de que el poder corrompe inevitablemente. Cuando las personas interpretan su poder como un mandato confiado por otros —y no como un logro meritorio individual— muestran mayor toma de perspectiva, empatía y conducta altruista. Esta distinción es crucial para el análisis de género y estructural: el poder puede ser instrumento de dominación o vehículo de cuidado colectivo, dependiendo de cómo se comprenda y ejerza.

La intersección entre género y poder revela estas dinámicas con particular nitidez. La investigación indica que muchas de las diferencias sexuales y de género documentadas en agencia, comunión y autoevaluación son consistentes con los efectos de diferencias de poder inducidas experimentalmente (Rudman y Glick, 2021). Las personas con alto poder y los hombres generalmente muestran mayor agencia y menor comunión, mientras que las personas con bajo poder y las mujeres tienden hacia mayor sensibilidad interpersonal y sociabilidad. Esto sugiere que lo que frecuentemente atribuimos a diferencias intrínsecas de género puede, de hecho, ser la impronta psicológica de la desigualdad estructural. Como señalan las teorías socioculturales, estas diferencias no son producidas por la personalidad o la capacidad, sino por el mayor poder y estatus de los hombres en la sociedad (Rudman y Glick, 2021).

Además, las jerarquías de poder se mantienen no solo mediante coerción abierta, sino también a través de acciones aparentemente benevolentes. La ayuda orientada a la dependencia —proporcionar alivio temporal sin abordar las desigualdades subyacentes— permite a los grupos dominantes preservar su posición superior mientras se sienten virtuosos (Knab et al., 2025). Este fenómeno del "lobo con piel de oveja" ilumina cómo el poder se perpetúa a través del lenguaje del cuidado, un mecanismo familiar para quienes han navegado relaciones terapéuticas, familiares o institucionales donde la ayuda se convierte en forma de control.

La historia nos ofrece ejemplos que ilustran estas negociaciones. Désirée Clary, prometida de Napoleón y luego reina de Suecia, supo navegar los círculos del poder imperial sin perder su propia voz, recordándonos que incluso en contextos de dominación masculina es posible ejercer la libertad que el poder otorga y exige. En la conciencia de ser un objeto para que los demás cumplan sus deseos, Désirée, se amolda de tal manera que ella logra cumplir algunos deseos también. Sobre esta dinámica exploro más a detalle en mí articulo para Perspectivas.

Esto nos lleva al corazón de una perspectiva de psicología de la liberación. Martín-Baró (1994) nos recuerda que la psicología debe abordar las estructuras deshumanizantes que configuran la experiencia individual. El poder, visto desde esta lente, no es una fuerza abstracta sino una realidad vivida que determina quién puede hablar, quién es escuchado y cuyo sufrimiento se vuelve invisible. La tarea de una psicología clínica comprometida con la justicia social es ayudar a las personas a reconocer las raíces estructurales de su malestar y a reclamar la agencia no como dominación sobre otros, sino como el derecho —y la obligación— de construir vidas con dignidad.

En conclusión, la psicología del poder nos invita a mirar más allá de la patología individual y hacia las condiciones relacionales y estructurales que dan forma a nuestras mentes y comportamientos. Comprender el poder como dinámico, de género e históricamente situado nos permite intervenir no solo en la sala de terapia sino también en el mundo. Como la historia de Désirée Clary sugiere, y como la teoría feminista ha sostenido desde hace tiempo, lo personal nunca es meramente personal. Siempre es, ya, un ente político.

Referencias

Keltner, D., Gruenfeld, D. H., & Anderson, C. (2003). Power, approach, and inhibition. Psychological Review, 110(2), 265–284. https://doi.org/10.1037/0033-295X.110.2.265

Knab, N., Steffens, M. C., Halabi, S., Friehs, M.-T., Nadler, A., & Hameri, B. (2025). A wolf in sheep's clothing? The interplay of perceived threat and social norms in hierarchy-maintaining action tendencies towards disadvantaged groups. British Journal of Social Psychology, 64, e12849. https://doi.org/10.1111/bjso.12849

Martín-Baró, I. (1994). Writings for a liberation psychology. Harvard University Press.

Rudman, L. A., & Glick, P. (2021). The social psychology of gender: How power and intimacy shape gender relations. Guilford Press.

Lic. Regina García Nava

En Perspectivas by BioPsyc aporto análisis que entrelazan sensibilidad estética, pensamiento feminista e interpretación psicológica, siempre con el compromiso de situar a cada persona dentro de las estructuras que la atraviesan y de las que también busca liberarse.

Soy Lic. Regina García Nava, Psicóloga Clínica comprometida con hacer de la salud mental un derecho y no un privilegio. Mi trabajo parte del reconocimiento de las causas sociales y estructurales que influyen en nuestro bienestar, y busco acompañar a cada persona en un proceso justo, humano y transformador.

He colaborado en espacios gubernamentales como el CAS y el IMQ, trabajando con poblaciones vulnerables y aprendiendo de sus realidades para enriquecer mi práctica clínica. Creo en el poder de las expresiones, como el arte, como formas de transgresión que nos invitan a mirar lo esencial y lo profundo del Ser. En mi consulta integro esta visión para ofrecer un espacio seguro y creativo, donde la reflexión y la sensibilidad se convierten en herramientas de cambio.

https://www.biopsyc.com/regina-garcia-nava
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