Regulación Emocional

Cuando El Cuerpo Resiste lo que La Sociedad Calla

La regulación emocional es una práctica íntima que siempre ocurre dentro de una estructura social que moldea lo que sentimos y lo que se nos permite expresar. Las emociones no emergen en un vacío; nacen en cuerpos atravesados por género, raza, clase social y por narrativas culturales que determinan qué emociones son legítimas y cuáles deben ocultarse. En mi trabajo clínico observo cómo el malestar emocional se entrelaza con estas fuerzas sociales, y cómo regular una emoción se convierte en un acto de resistencia frente a los silencios que la sociedad impone. La evidencia científica confirma que la regulación emocional predice bienestar y resiliencia (Gross, 2015; Aldao, Gee, & De Los Reyes, 2016), pero estos estudios rara vez reconocen que las emociones están distribuidas de manera desigual según la posición social de cada persona.

Una mujer que ha sido educada para no expresar enojo no regula igual que un hombre al que se le ha permitido la rabia como forma de poder, y esta diferencia está documentada en estudios sobre socialización emocional de género (Shields, 2013). Una persona racializada que ha aprendido a vivir en alerta constante no regula igual que alguien que ha habitado espacios seguros, como señalan investigaciones sobre estrés racial y salud mental (Williams & Mohammed, 2013). Una persona que ha crecido en pobreza no regula igual que alguien protegido por la estabilidad económica, y la literatura sobre desigualdad estructural muestra cómo la precariedad moldea la experiencia emocional desde la infancia (Yoshikawa, Aber, & Beardslee, 2012). La regulación emocional, entonces, no es solo una habilidad psicológica: es también una respuesta a la desigualdad histórica y contemporánea.

En consulta, estas estructuras se vuelven visibles en el cuerpo. La ansiedad puede ser la huella de generaciones que han vivido bajo sistemas de opresión; la tristeza puede ser el eco de historias familiares marcadas por silencios impuestos; la desconexión emocional puede ser una estrategia de supervivencia frente a la violencia simbólica que se ejerce sobre ciertos cuerpos. Las técnicas basadas en evidencia —como la reevaluación cognitiva, la atención plena y la autocompasión— funcionan, pero solo cuando se aplican con sensibilidad hacia el contexto social del paciente. No es lo mismo pedirle a una mujer que “reinterprete” una situación violenta sin reconocer que su emoción es una respuesta legítima a un sistema patriarcal que normaliza la agresión (Gilligan, 2011). No es lo mismo pedirle a una persona racializada que “observe su ansiedad sin juicio” sin validar que su ansiedad es una forma de inteligencia adaptativa frente a un mundo que no siempre ha sido seguro (Hooks, 1992). La regulación emocional no puede convertirse en una herramienta para silenciar la crítica social; debe ser una forma de sostenerla sin que destruya al individuo.

El arte, para mí, es el espacio donde estas tensiones encuentran voz. El arte permite decir lo que la sociedad no deja decir, y esta función ha sido ampliamente reconocida en estudios sobre arte y resistencia cultural (Duncombe, 2002). El arte transforma la emoción en símbolo, en gesto, en color; permite que el cuerpo hable sin pedir permiso; permite que la historia se reescriba sin miedo. En terapia, el arte se vuelve un lenguaje universal que atraviesa fronteras sociales y devuelve dignidad a experiencias que han sido invisibilizadas. Cuando un paciente crea, no solo regula su emoción: la resignifica, la reclama y la convierte en acto político. El arte es una forma de regulación emocional que no domestica la emoción, sino que la libera.

Regular una emoción es, en esencia, un gesto de supervivencia y de resistencia. Es afirmar que, aunque la sociedad nos moldee, también podemos moldear nuestra experiencia interna. En BioPsyc acompañamos este proceso con sensibilidad clínica y conciencia social, porque regular no es callar: es comprender, transformar y vivir con más verdad.

Referencias

Aldao, A., Gee, D. G., & De Los Reyes, A. (2016). Emotion regulation as a transdiagnostic factor in the development of internalizing and externalizing psychopathology. Development and Psychopathology, 28(4), 927–946.

Duncombe, S. (2002). Cultural resistance: A reader. Verso.

Gilligan, C. (2011). Joining the resistance. Polity Press.

Gross, J. J. (2015). Emotion regulation: Current status and future prospects. Psychological Inquiry, 26(1), 1–26.

Hooks, B. (1992). Black looks: Race and representation. South End Press.

Shields, S. A. (2013). Gender and emotion: What we think we know, what we need to know, and why it matters. Psychology of Women Quarterly, 37(4), 423–435.

Williams, D. R., & Mohammed, S. A. (2013). Racism and health I: Pathways and scientific evidence. American Behavioral Scientist, 57(8), 1152–1173.

Yoshikawa, H., Aber, J. L., & Beardslee, W. R. (2012). The effects of poverty on the mental, emotional, and behavioral health of children and youth. American Psychologist, 67(4), 272–284.

Lic. Regina García Nava

Soy Lic. Regina García Nava, Psicóloga Clínica comprometida con hacer de la salud mental un derecho y no un privilegio. Mi trabajo parte del reconocimiento de las causas sociales y estructurales que influyen en nuestro bienestar, y busco acompañar a cada persona en un proceso justo, humano y transformador.

He colaborado en espacios gubernamentales como el CAS y el IMQ, trabajando con poblaciones vulnerables y aprendiendo de sus realidades para enriquecer mi práctica clínica.

Creo en el poder de las expresiones artísticas como formas de transgresión que nos invitan a mirar lo esencial y lo profundo del Ser. En mi consulta integro esta visión para ofrecer un espacio seguro y creativo, donde la reflexión y la sensibilidad se convierten en herramientas de cambio.

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